¿Ciencia ficción dura o blanda? Eterna discusión

Hay algo tremendamente aceptado y que nunca terminó de convencerme: separar la ciencia ficción en “dura” y “blanda”.

La Ciencia ficción dura, o Hard SF, es considerada una rama de la CiFi que trata con bastante rigor unos detalles científicos y técnicos, que además tendrán una singular importancia en la trama.

Por el contrario, se llama Ciencia ficción blanda o Soft SF a todas las historias que se alejan de los preceptos actuales de la ciencia y la tecnología, concediendo mayor importancia al carácter literario de la narración.

¿Por qué considero que esta clasificación de la Ciencia ficción es imprecisa? Por tres motivos:

1º Porque, como siempre, una vez más, las ciencias sociales no son consideradas como CIENCIA.

Es el cuento de nunca acabar. Cada persona tiene un concepto de lo que es ciencia y de lo que no lo es. De hecho, hasta la R.A.E. se baja los pantalones aceptando dos definiciones para que ningún purista se enfade.

A) Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurado y de los que se deducen principios o leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.

B) Conjunto de conocimientos relativos a las ciencias exactas, físicas, químicas y naturales.

En la primera definición se acepta las ciencias sociales y en la segunda se excluyen. O sea, que la R.A.E no se aclara y prefiere lavarse las manos con una disputa histórica que hace más mal que bien a la ciencia.

Qué es ciencia

El caso es que yo elijo la primera definición, y el mundo de la ciencia ficción parece haber escogido la opción más restrictiva.

Os pongo un ejemplo literario. La Ciencia ficción de Asimov me parecía más dura por su componente social que por sus detalles tecnológicos.

Su cuidado al proyectar los cambios sociales futuros estaban bien fundamentados en sus amplios conocimientos de ciencias humanas; porque Isaac escribió muchísima no-ficción, para el que no lo sepa.

Además tuvo la osadía literaria de crear una ciencia como eje central de la trama de su afamada saga La fundación. Sí, la creó; y no sólo eso: convirtió a la historia y a la psicología en una ciencia predictiva con ayuda de las leyes de la estadística. Este brillante recurso literario de la CiFi fue bautizado como Psicohistoria.

Un ejemplo de CiFi blanda por su tratamiento social sería Divergente, de Verónica Roth, con una proyección psicosocial y psicopolítica de las relaciones humanas que parte de una base científica minúscula. ¡Y ojo! Eso no quita que pueda ser una obra maestra literaria; aunque Divergente, desde luego, no me lo pareció.

¿Te acuerdas de una película llamada Distrito 9? Lo llaman película de Ciencia ficción cuando en realidad se trata de una metáfora sobre los problemas de la inmigración y la condición de refugiados en la sociedad. Los extraterrestres son una excusa para contar una trama que parece aportar más morbo por el hecho de que se recurra a un escenario de CiFi; podemos llamarlo CiFi fácil de digerir.

Una novela que sólo trate las experiencias sociales de civilizaciones extraterrestres , o inteligencias artificiales, gana puestos en la CiFi blanda porque no puede haber rigor en las ciencias sociales cuando lo extrapolamos a especies (orgánicas o inorgánicas) desconocidas; a menos que fueran demasiado… humanos.

Pero claro, si tuvieran perfecta coherencia con las ciencias humanas nos encontraríamos personajes tan esperpénticos e irreales como los alienígenas y robots de las series y películas de humor americana de los últimas décadas del siglo XX, véase Alf y Johnny Nº5.

Alf no es CiFi

Humanizar lo desconocido facilita la comprensión, pero menosprecia el ingenio y ensalza el legendario error del antropocentrismo.

Termino de responder a la gran pregunta con mi propia opinión acerca de cuándo las ciencias sociales deben ser consideradas para que una novela o relato opte a la categoría Hard SF:

Cuando en un futuro, distopía, o ucronía se tratan asuntos humanos y se recurre de forma coherente a las teorías y estudios sociológicos existentes en los tiempos del autor, o a una evolución coherente de estas.

Cuando al tratar especies distintas se evita humanizar en demasía su concepto de sociedad, ya que es más coherente y adecuado, en estos casos, recurrir también a las ciencias naturales y, concretamente, a la biología.

2º Porque excluye a obras que en su momento fueron Ciencia Ficción dura a causa de los continuos avances tecnológicos y científicos.

Hay quien dice que Julio Verne no es ciencia ficción dura porque la ciencia ha desdicho muchas de sus premisas, y porque a nadie le parece futurista el capitán Nemo y su retrosubmarino molón.

Maqueta a escala del Nautilus

Pues entonces que se vayan despidiendo los autores de CiFi dura porque el tiempo corre para todos y a lo mejor alguno no acierta el futuro.

Habría que ponerse en el pellejo de Verne y escribir 20000 leguas de viaje submarino en 1870, cuando Isaac Peral no botó el suyo propio hasta 1888. O cuando escribió un viaje imposible a la Luna con los medios del S.XIX. O al imaginar la París del siglo pasado con monorrailes, emails, y motores de combustión.

¡Julio Verne es CiFi dura, y literatura de aventuras de la buena!

Paso a otro ejemplo más moderno: la obsesión de Asimov por la energía atómica hasta el día del juicio final.

Algunos dirán: «¿Es que no hay más energías?» o «Qué pesao el patillas atómicas éste…». Pero claro, hay que vivir en la Guerra Fría para ver qué energía marca la diferencia y, sin duda, la nuclear fue la revolución en tiempos de Asimov. Con ella se ganaban guerras, se preveía que llegaríamos más lejos en el espacio, y se abastecerían por completo las necesidades energéticas de nuestro planeta. Era la panacea de su generación; para lo bueno y para lo malo.

Lo que reblandece la ciencia ficción de Asimov no son sus predicciones menos certeras, porque tienen fundamento científico. En cambio sí lo hacen los poderes psíquicos de la segunda fundación, que para el autor parten de una mutación genética.

3º Porque si el rigor científico no es absoluto en la Ciencia Ficción dura, es muy subjetiva cualquier valoración sobre cuál lo es más y cuál lo es menos.

Una novela con un rigor científico exacto, o no es ciencia ficción, o le falta literatura.

Y si no es del cien por cien ¿Cómo mido yo la rigurosidad? Pues vaya fastidio.

Medir la rigurosidad

«Mi novela CiFi es más dura porque uso formas de vida como la nuestra basada en el carbono y en la tuya se basan en el metano, “so” tramposo…».

«Pues mi relato es más bien Hard SF porque mi máquina del tiempo viaja al futuro y no al pasado, que es imposible con tanta paradoja».

«¿Sabéis qué? La novela Mundo Anillo no es tan dura porque la capa superficial del suelo se habría deslizado hacia los mares pasados unos mil años. Lo dijeron unos científicos americanos».

«Pues.. para mí, Matrix es más dura que Terminator porque aparece más tecnología y salen más numeritos».

Cualquiera de estos comentarios inventados tienen una vara de medir distinta porque son interpretaciones muy personales basadas en la experiencia, gustos, y conocimientos de cada persona. No es fácil comparar la dureza de una obra frente a otra, y diría que es imposible determinar la frontera entre lo duro y lo blando.

Entonces… ¿Es definitivamente la clasificación más imprecisa del mundo de la ciencia ficción?

Para mí, sí. Sin embargo no voy a negar su validez en cuanto al valor de comparación. Es evidente que Cita con Rama (A.C. Clarke) es CiFi dura en comparación a Guía del autoestopista galáctico (D. Adams). Y esto es útil para clasificar libros en nuestra biblioteca mental.

No es útil es cuando quieres situar en un sitio exacto la frontera entre las dos ramas de la CiFi. Y tampoco cuando no tienes en cuenta la fecha en la que fue escrita la obra.

Pero sobre todo, cuando desprecias el buen tratamiento de las ciencias sociales en una trama y no lo tienes en consideración a la hora de calificarla como dura o blanda.

By | 2018-06-03T15:50:30+00:00 noviembre 3rd, 2017|Escritores de ciencia ficción|0 Comments

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