El saco de la ciencia ficción dura. ¿Sabes cuál es?

Es ese en el que introducen a los escritores que sacrifican elementos literarios para que la ciencia sea un protagonista tan importante o más que los mismos personajes.

¿Y en ese saco son todos iguales? Así lo venden muchas veces, pero no. Son muy diferentes.

Hoy vamos a comparar a los tres más conocidos de entre los autores clásicos de la ciencia ficción: Heinlein, Asimov y Clarke.

Y los compararé en estos aspectos: sus ciencias, sus personajes, la moralidad en su obra, y la dificultad de lectura.

Verás cuan diferentes son.

 

 

Los personajes en la ciencia ficción dura

Los personajes de la ciencia ficción dura, por lo común, no suelen tener la trascendencia y el protagonismo que en otros géneros de la literatura fantástica.

Suelen comportarse como una herramienta más; el eje vertebrador es la ciencia.

Tampoco se caracteriza la Cifi dura por un avanzado desarrollo emocional de estos personajes.

Fundación de Asimov

 

Los personajes de Asimov

La evolución de los personajes de Asimov solo existe en el plano cognitivo. En raras ocasiones hace uso de una evolución emocional, y cuando lo hace resulta poco original y simple. Incluso en el caso del doctor Kelden Amadiro o El Mulo, el odio aférrimo se muestra como un razonamiento legítimo y, ante todo, lógico desde su perspectiva.

Sus personajes suelen formar parte de un plan superior, y no hablo solo del famoso plan psicohistórico de Hari Seldon, que también. Personajes anteriores como Elijah Baley o Susan Calvin ya eran los peones de un tablero de ajedrez gigante que terminaría con un resultado sorprendente.

¿Hay excepciones? Sí. Por ejemplo, la evolución del ejecutor Andrew Harlan, en El fin de la eternidad. Sin dejar de lado la asegurada evolución cognitiva de cualquier personaje de Isaac Asimov, este personaje sí que sufre otro tipo de evoluciones y, a diferencia de otras muchas de sus obras, este personaje sí es determinante por sus acciones individuales y rivaliza con el plan superior.

 

Los personajes de Arthur C. Clarke

¿Qué importan los personajes en la obra de Clarke? Salvo excepciones son meros pasajeros en  una maravillosa historia (Cita con Rama). El factor emocional es tan irrelevante que no parece mutar ni tras los increíbles vuelcos que suponen los finales de sus novelas. El énfasis sentimental propio de otros literatos se esfuma cuando hablamos del británico.

Lo cierto es que no importa demasiado. Es una opción que ha tomado deliberadamente el escritor para centrarse en los aspectos más característicos de su literatura, y que son determinantes para cualquier fan de la ciencia ficción dura. Es un escritor de ideas, no de personajes.

 

Los personajes de Heinlein

Los personajes más elaborados pertenecen a Heinlein. Como todo, es una opinión personal, y no me cabe la menor duda.

Su literatura así lo exige. Menos centrada en descripciones científicas y con escaso aroma divulgativo.

Su personaje más conocido es Lazarus Jong, y también el mejor ejemplo de cómo los trata. Protagonista en Los hijos de Matusalén, y presente en varios más de sus escritos.

Y quiero apuntarte un detalle más. A pesar de su visible conservadurismo es quien más protagonismo y desarrollo concede a los personajes femeninos. Eso sí, por muy heroínas que parezcan, al final de las tramas son tragadas por clichés de género entendibles en su época. Aun así los maneja mejor que los anteriores autores.

 

 

Las ciencias protagonistas en su ciencia ficción

¿A qué ciencias afecta la ciencia ficción dura? Algunos opinan que solo aquellas que están relacionadas con el desarrollo tecnológico: física, matemáticas, biología, geología, química…

Esto deja a un lado las ciencias sociales, y estudios humanos en general. Y no, no estoy de acuerdo. Una ciencia ficción social bien planteada puede ser casi tan dura como una novela de Greg Egan poblada de matemáticas y programación.

Las ciencia sociales crean tecnología social: ingeniería demográfica, social, política… y son perfectamente complementarias con las provenientes de la ciencias exactas. La única diferencia: las ciencias humanas se rigen por la leyes estadísticas (más ligadas a la coherencia) y no tanto con las matemáticas (más cercanas al rigor). ¿Y se puede conseguir rigor científico para escribir ciencia ficción dura? Tanto como con otras ciencias naturales. Nunca como con las exactas.

 

Las ciencias sociales en Isaac Asimov

Siempre he afirmado que la literatura de Asimov es dura por sus ciencias sociales, y no precisamente por las restantes. Es más, pocas de estas ciencias se le escapan: ciencias del derecho (El hombre bicentenario),  ciencias estadísticas aplicadas a CCSS (La Fundación), sociología (Solaria y Aurora en comparación a la Tierra), demografía (Un guijarro en el cielo), historia (diría que casi toda su obra), psicología (La Segunda Fundación), la ecología humana (Los límites de la fundación), antropología (la búsqueda del planeta original de la especie humana y los lugares poblados que se cruzan)…

 

Arthur C. Clarke

 

Las ciencias en los libros de Arthur C. Clarke

Si hay algo abundante en las páginas de Clarke es CIENCIA. Quizá sea el que más palabras dedique por párrafo de los tres escritores que estamos analizando.

Hay una excepción, y bien grande, y es el poco protagonismo que concede a las ciencias sociales y humanidades. Más pequeña es la salvedad del tema de los temas teológicos, que sí aparecen de forma intermitente en la obra el autor (La estrella).

 

Heinlein: ciencia la justa y necesaria

Heinlein persigue el rigor científico, pero no se regodea en explicaciones seudodivulgativas y didácticas. Menciona lo justo, sin que perjudique el uso de recursos literarios característicos de cualquier género.

¿Ciencias protagonistas en su obra? Sociología, política (La luna es cruel amante), lingüística y genética. La afinidad temática con Asimov es patente, pero su enfoque es casi opuesto.

 

 

La moralidad en la ciencia ficción dura clásica

La dicotomía entre el bien y el mal se diluye cuando avanzamos por la senda de los libros de ciencia ficción dura. ¿Por qué?

Porque por primera vez aparecen escritores que piensan en la especie humana como un conjunto independiente de los deseos colectivos o individuales de sus integrantes.

Bueno y malo no dejan de ser dos categorías sociales para determinar lo que es virtuoso o reprochable. Es arbitrario, y forma parte de una herencia milenaria de prácticas de ingeniería social llevadas a cabo por la religión, el estado, la tradición, o la influencia de eventos personales o históricos.

 

Clarke: moralidad la justa, o mejor, nada

Moralidad la justa. En la literatura de Clarke hay cosas más importantes que el juicio ético de los acontecimientos. Una de sus novelas, Claro de Tierra, se presenta como un escenario perfecto para desmentir mi afirmación. Un conflicto entre naciones que, finalmente, queda minimizado ante la presencia de un evento mucho mayor.

Los eventos que superan la comprensión humana son los que provocan en las obras de Arthur C. Clarke una moraleja general que bien podría ser: la moralidad es cosa de humanos insignificantes en un proceso embrionario de ignorancia prolongada. Con Clarke la humanidad es luminosa (y afortunada), pero lo es casi siempre gracias al conocimiento que obtenemos de otros.

 

Asimov y “el fin justifica los medios”

Hasta ahora no lo he leído en ninguna reseña, pero me atrevo a afirmar que en toda la obra de Isaac Asimov queda patente la máxima de “El fin justifica los medios”.

Como en la historia real, los gobierno tiranos aparecen por un motivo, los imperios se desmoronan también por otros. Con Asimov se minimiza la pena por destruir un planeta si el objetivo a perseguir sigue intacto (los robots más conocidos de Asimov saben bien de los que hablo).

¿Recuerdas las famosas tres leyes de la robótica? En su obra aparece una cuarta, la Ley Cero (Robots e imperio):

«Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño».

Es una cita que se incluyó en una de sus últimas obras como escritor, pero que encaja muy bien su hábito de no someter a un profundo juicio moral a aquello que provocará un beneficio asegurado a la especie humana.

 

Robert A. Heinlein

 

Heinlein y el hombre duro

A diferencia de los otros dos clásicos de la ciencia ficción dura, con Heinlein sí que hay moralidad, Y MUCHA.

Tras leer sus páginas es fácil interpretar juicios de todo tipo: denuncias sociales, sobre la guerra (Starship Troopers), sobre el deterioro de la especie humana, sobre la lejanía entre el pueblo y el poder, y la importancia y funcionamiento del poder (Estrella doble). También se debate sobre los nuevos valores sociales, como en Forastero en Tierra extraña.

De los tres autores es quien más se acerca a la importancia de la individualidad sin despreciar el potencial de la humanidad en sí misma.

 

 

La dificultad de lectura en la ciencia ficción dura

¿Cuántas veces has escuchado que la ciencia ficción dura es difícil de leer? Que si demasiadas palabras técnicas, que si mucho infodumping, que si tanta ciencia rompe la fluidez que caracteriza a la buena literatura…

¡Ni tanto ni tan calvo! Incluso en la ciencia ficción dura hay extremos en esta categoría. Y ninguno de estos tres pertenece a las lecturas más complicadas de la ciencia ficción. En esa categoría más bien metería a autores más actuales como Greg Egan o William Gibson.

Es más, estos tres escritores clásicos de ciencia ficción encuentran la fluidez necesaria a través de distintos caminos.

Clarke toma el camino más complicado y menos comercial: engarza los elementos científicos en todos sus párrafos con mayor o menor enfasís, pero resulta mucho más descriptivo que su homólogo Asimov. Es así, donde otros escritores engarzan picos de tensión derivados de emociones y comportamientos de los personajes, Arthur lo sustituye con datos desvelados y nuevos conocimientos. Si la ciencia no es lo tuyo llegarás a odiar su redacción y te dará igual su fluidez. En cualquier caso te aviso de que destaca, en especial, por los asombrosos cierres de sus novelas.

Asimov es, por antonomasia, correcto. Y así es su redacción. Nada innovadora, pero inmaculada. Estructurada casi con una regla, y con la particularidad de sus innumerables diálogos que a más de uno harían pensar que está leyendo una obra dramática. Más parecido a Clarke con el uso de elementos científicos, e igualmente sobrio y directo en sus frases.

Heinlein es el más conservador de todos y además, es el que menos se detiene en los aspectos científicos. Por ese motivo es muy probable que sea del agrado de aquellos lectores más cercanos a géneros no fantásticos. Bajo mi parecer es el que mejor usa los recursos de la literatura en su obra; a cambio, es el menos osado al imaginar tecnologías y mundos de ciencia ficción.

 

 

¿Qué escritor de ciencia ficción dura me gustará más?

Si no conocías a estos autores seguro que ahora escogerás con más facilidad la obras del que más te guste.

¿Te importan las ciencias sociales en la literatura CiFi? Asimov y Heinlein

¿Prefieres las ciencias exactas y naturales? Clarke, sin duda. Y en menor medida Asimov.

¿Los buenos personajes son cruciales para ti? Heinlein, y en menor medida Asimov.

¿Te gustan los finales sorprendentes y los escritores de ideas? Clarke y Asimov.

¿Te agrada la ciencia ficción más clásica? Los tres, pero sobre todo Heinlein.

 

¿Te gusta la ciencia ficción dura?

Volveré en otra ocasión con autores más modernos. Hasta la próxima.