El futuro del trabajo

El futuro del trabajo

El futuro del trabajo es un tema con disparidad de opiniones.

Las voces más agoreras pronostican que los robots y las IA desbancarán a los humanos del mercado laboral. Los más optimistas creen que la automatización creará más empleo.

¿Qué piensas tú?

El trabajo, en general, es la actividad básica que sirve a los ciudadanos para cubrir sus necesidades primarias y restantes. El indicativo más conocido para conocer la situación laboral de un país es la tasa de desempleo.

Se considera pleno empleo cuando la tasa se sitúa por debajo del 5%, porque en el sistema capitalista se considera normal esa tasa residual de paro (son los potenciales candidatos en un mercado supuestamente idílico de equilibrio entre la demanda y la oferta).

¿Tendría sentido esa tasa si en un futuro ese 5% se transforma en un 20% o superior? No, sería un fallo en el sistema económico. Y ese fallo no estaría sustentado por la robotización del mercado laboral, sino porque la tecnología y el capital está en manos de unos pocos. Sí, el gran enemigo es la desigualdad económica ­—algo inherente al capitalismo—.

 

¿Utopía o distopía?

¿Entonces el futuro del trabajo será una historia distópica o utópica?

Es complicado pronosticar escenarios sociales porque pueden darse situaciones extraordinarias, y no tan inesperadas, como una catástrofe bélica, natural o humana.

Supongamos que solo dependemos de la inercia histórica que nos ha llevado al presente; nada de catastrofismo ¿Qué es lo que parece seguro si miramos hacia el futuro?

 

Los obreros autómatas

La automatización del trabajo es el escenario inminente en el mercado laboral.

 

automatización del trabajo

 

Los expertos auguran que a partir de 2030 se incrementará de forma exponencial el uso de robots e IAs modificando para siempre el clásico mercado del trabajo.

 

Desaparición de oficios

Taxista

Camionero

Maquinista de tren

Agricultor

Trabajador de imprenta

Mensajero

Empleado de callcenter

Agente de viajes

Cajero

Personal de almacén

Documentalista

Costurero

Operario

Analistas de tráfico

Comercial de automoción

Corredor de seguros

Empleado de gasolinera

 

 Aparición de oficios

Fabricantes de lágrimas

Auditor de IA

Diseñador de realidades

Nano-médicos

Nano-ingenieros

Geneticista

 

Escenarios del futuro del trabajo

Utopía y distopía son extremos cuasi-ficciosos para la realidad que le depara al futuro del trabajo.

Hay varios escenarios previstos por los expertos. De hecho, los hay para todos los gustos. Según el Centro de Investigación Pew (Washington DC), las opiniones de los especialistas se bifurcan en pesimistas y  optimistas.

 

Más tecnología creará más empleo

Algunos entendidos, como Stephane Kasriel (copresidente del Consejo sobre el futuro del trabajo del Foro Económico Mundial), exponen como prueba el factor de creación de empleo desde los comienzos de la automatización laboral desde la segunda revolución industrial.

A favor: los datos son ciertos. La demanda de empleo se ha incrementado, y también el número de empresas.

En contra: ¿es la tecnología la que ha propiciado el empleo? Quizá solo sea a causa de los nuevos sistemas económicos que surgieron desde entonces en ciertos países: capitalismo y socialismo. Además, quienes corren peligro ahora son los trabajos de menor cualificación, mientras que la segunda revolución industrial necesitaba millones de proletarios para acompañar a la incipiente tecnología de los autómatas.

 

Los robots coparán el mercado laboral

En el siglo XIX surgió la corriente Ludista. Algunos trabajadores vieron amenazada su fuente de subsistencia y declararon la guerra a las máquinas de manera infructuosa.

En el futuro es difícil imaginar un movimiento semejante por parte de la ciudadanía. Las máquinas ya no solo ayudan a los empresarios a incrementar la productividad, sino que forman parte sustancial del día a día de la plebe.

 

tecnología

 

Elon Musk, CEO de Tesla, es partidario de la teoría de que el sector laboral será absorbido por las IAs. Nadie duda de que él lo está viendo desde primera fila.

A favor: los neoludistas tienen motivos para pensar que esta revolución será distinta a la de hace 150 años. El mundo proletario de obreros y operarios tiene los días contados. El mundo comercial y el de las oficinas se verán muy afectados.

En contra: Las IAs y los autómatas necesitan ser programados, supervisados, creados y asistidos por humanos.

 

La oferta de trabajo no disminuirá. Cambiará el resto.

Esta es la corriente oficial de la Organización Internacional del  Trabajo (OIT).

Según sus expertos, la oferta de trabajo no sufrirá cambios cuantitativos. En contraposición, abundarán los cambios cualitativos, y van a afectar mucho a las próximas generaciones.

Algunos cambios ya están siendo percibidos:

  • La universidad debe adaptarse a nuevas formas de preparar profesionales, y tener la capacidad de adaptarse más velozmente a los nuevos oficios.
  • Hay una escasez de habilidades para los nuevos oficios del presente (y ya no hablemos del futuro próximo).
  • El negociación colectiva y el sindicalismo sufren una crisis sin precedentes. Las redes sociales han demostrado tener más capacidad de movilización.
  • La empresa física pierde importancia frente a los beneficios de la digital.
  • El horario como método de control cada vez tiene menos sentido, mientras que otras herramientas dirigidas a la productividad prueban ser más efectivas.
  • Hay cierta reticencia al teletrabajo, pero lo cierto es que el número de estos profesionales aumenta sin parar.

A favor: es la corriente oficial, y la que tienen en cuenta la mayoría de naciones. También es la propuesta más conservadora, pero tiene base en las estadísticas.

En contra: se basa en los resultados de la inercia  histórica, y renuncia a la posibilidad de cambios estructurales o revolucionarios que acaben con el sistema económico que impera desde hace más de un siglo en los países occidentales.

 

Todos empresarios o profesionales

Parece muy arriesgado, pero la realidad es que no hay muchos países con políticas beneficiosas de jubilación, y algunos de ellos tienen severos problemas para mantenerlos. De hecho, si todos los países tuvieran la misma riqueza (no necesariamente bien repartida entre sus miembros), sería imposible realizar esas políticas.

El punto de vista europeo es inválido. Europa floreció chupando agua del resto de futuras flores nonatas del mundo. Sin esa ventaja histórica jamás hubiéramos tenido la ansiada “sociedad del bienestar”. Algunos me desacreditarán aduciendo que el motivo de nuestra supremacía histórica es la democracia, pero creo que hay más elementos históricos detrás de la buena ventura de este continente en el siglo XX y XXI.

The CIA factbook facilitó en 2008 los datos de desempleo de todos los países, y llama la atención cómo Europa no destaca sobre otros países a los que jamás llamaron occidentales. Europa está en declive. Pasaremos de un 25% del PIB Mundial al 5% en pocas décadas, y estas son palabras de Mario Draghi —un hombre poco interesado en desanimar a los países miebros de la UE—.

Cada vez más, se escucha a los políticos liberales vender la figura del pequeño empresario profesional como la liberación de los problemas (de las arcas públicas). Es un acercamiento a la clásica forma de capitalismo norteamericano.

 

Capitalismo

 

¿Podría darse un futuro donde todas las negociaciones profesionales sean individuales? Todos autónomos. Todos responsables de nuestra jubilación, de nuestra salud. Un último golpe del capitalismo más clásico ahogado por la propia desigualdad que ha provocado. El fracaso de la conjunción mágica del capitalismo y el socialismo que dominó el ejemplo europeo tras la IIGM.

Esto último provocaría la pérdida de valor de los estados como reguladores de la responsabilidad social de las corporaciones. Para ello, la única forma de prosperar sería la actividad profesional individual. Este sería un terreno, con toda probabilidad, pre-revolucionario.

 

La Renta Básica Universal

En muchos países ha salido a la luz el debate sobre la Renta Básica Universal. Con poco éxito hasta el momento; es verdad.

Se trata de una asignación económica a cada ciudadano que serviría para cubrir las necesidades más básicas.

Es una medida controvertida. Incluso, es posible que no tenga los efectos deseados en el presente. Muchos creen que solo es un incentivo para no trabajar o trabajar menos.

No sabría decidirme si en mis manos estuviera conceder una ayuda semejante. Sí tengo claro que hará falta en un futuro si la desigualdad económica sigue su cauce.

En condiciones óptimas, se reduciría la jornada laboral de forma drástica. Eso supondría más oferta de empleo y un incremento del salario por hora. Pero…  claro, lo óptimo nunca se cumple. Por tanto solo es una medicina contra la desigualdad latente.

El trabajo es el fruto de la negociación entre empresarios y trabajadores, y los estados son los supervisores que vigilan la debida inexistencia de una ventaja en la negociación por una de las partes (casi siempre será del empresario). Si el trabajador deja de existir como tal, el empresario toda la facilidad para bordear los derechos que durante dos siglos han sido ganados incluso con sangre.

 

Conclusión final

Decía Marx que el problema no es la tecnología, sino cómo se usa.

Yo opino: el problema no es la tecnología, sino quién la tiene.

Al igual que el dinero, la tecnología es parte del CAPITAL. Y solo quien la tenga podrá beneficiarse de su capacidad productiva.

Un diseñador tiene más posibilidades de prosperar si puede pagar un banco de imágenes Premium. Un empresario puede acceder al mercado de objetos de lujo si tiene capacidad de hacerse acopio de más material inicial. Un fabricante de zapatos podría amortizar su proyecto de negocio con una nueva tecnología, pero no dispone de la inversión necesaria al principio.

No me tengas por un anticapitalista. Me daría vergüenza ser un ANTI de nada si no propongo soluciones a cambio. Lo que sí opino es que es un sistema que polariza a la población a largo plazo. Siempre pensé que las tesis capitalistas unidas al derecho de herencia traerían consigo una explosión al cabo de un número concreto de generaciones. El motivo es que el dinero facilita hacer más dinero, y esta máxima se incrementa con más fuerza en niveles de desigualdad extrema.

El problema no son los robots. No son la IAs. El problema es que tienen dueños privados capaces de explotar su productividad mientras los demás, a cambio, nos sentimos orgullosos de las bondades de la tecnología de consumo general (tablets, PCs, cocinas inteligentes…).

Algún día habrá mineros espaciales, incluso chatarreros en la órbita terrestre, ingenieros de realidades virtuales. Todos ellos usarán una tecnología que no es suya. Pertenecerá a una corporación eternamente enriquecida que prospera sin descanso porque, por muy bien que cobren sus trabajadores, siempre será una ínfima parte de los beneficios que crea.

Así concluye este nuevo post de la serie El futuro de la humanidad.

Como decía el maestro Yoda: «difícil de ver el futuro es». Aunque también es cierto que jamás el futuro ha estado tan cerca del presente.

By |2018-09-28T17:32:26+00:00septiembre 20th, 2018|El futuro de la humanidad|0 Comments

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