La paradoja de Fermi surge de la contradicción que genera la alta probabilidad de que haya muchas especies inteligentes repartidas por el cosmos, y no tener prueba alguna de ello; ni presente, ni pasada.

¿Por qué estamos tan solos? ¿Dónde está la vida inteligente más allá de la órbita terrestre? La Tierra es una explosión de vida y hay una alta probabilidad de que existan billones de lugares idénticos desde que descubrimos que los planetas no son escasos en muchas estrellas.

Y no solo planetas. Muchos satélites parecen incluso propicios para la generación y sustento de la vida.

Aún no hemos descubierto ni una mísera bacteria más allá de nuestra órbita. Aunque la persistencia de la vida en zonas inhabitables de la Tierra nos hace pensar que no tardaremos mucho en hallarla. Ojalá lo presenciemos tanto tú como yo. Primero tantearemos Marte. Quizá algún día, Encélado. El futuro inmediato de la humanidad depara muchas sorpresas.

Cuestión aparte es encontrar civilizaciones capaces de crear tecnología como para hacer notar su presencia fuera de la atmósfera de su planeta. Y sin embargo, si nos ceñimos a las leyes probabílísticas, el número de estas civilizaciones avanzadas debería ser muy alto.

¿Qué ocurre? ¿Tan especiales somos? ¿Qué razones podrían explicar esta situación contradictoria? Aquí tienes 22 posibles soluciones.

 

La paradoja de Fermi está sobrevalorada

Llevamos poco tiempo observando el espacio, y es enorme.

Es cierto. Las «gafas espaciales» de Galileo contribuyeron a dar un salto cualitativo en la comprensión del universo, pero nuestros telescopios actuales son los primeros preparados para la búsqueda de exoplanetas. Y aun así, somos meros topos en la inmensidad del cosmos.

 

Paradoja de Fermi: radiotelescopio

 

No llevamos ni cinco décadas buscando. Muchas veces con herramientas que hoy ya consideramos rudimentarias. Y lo que viene será mucho mejor, pero todavía insuficiente para escudriñar cada rincón del universo.

Cada año incrementamos las posibilidades de encontrar evidencias. Lo que ocurre es que nuestra impaciencia es legendaria.

Esta es la corriente más conservadora de entre aquellos que confían en que no estemos solos en el universo. Una paradoja de Fermi sobrevalorada por una especie que no ha llevado astronautas más allá de la Luna. Para los defensores de esta idea solo es cuestión de tiempo hallar la solución a la paradoja.

 

Hipótesis de la Tierra especial

Otros defienden la singularidad de nuestra existencia. Una cadena de sucesos casuales y extraordinarios que hacen irrepetible la aparición de la vida en sí.

Se escudaban en el peculiar y necesario tamaño de nuestro satélite; en la presencia de agua líquida; en el lugar en el que estamos en nuestra galaxia, alejados de eventos cósmicos catastróficos; en la función de Júpiter y su papel estabilizador en nuestro sistema…

Cobró mucha fuerza durante un tiempo, pero en las últimas décadas perdió fuelle cuando descubrimos agua en otros cuerpos celestes y moléculas orgánicas en el espacio.

 

Neocatastrofismo

Según el neocatastrofismo, la clave de la paradoja de Fermi está en un mecanismo regulador del propio universo: los brotes de rayos gamma.

Da igual cómo de desarrollada esté la vida. Los efectos en la biosfera de cualquier planeta serían devastadores. De hecho algunos científicos defienden que una de las extinciones masivas derivó de un brote de estos rayos cósmicos.

El motivo de estos brotes es el estallido de una supernova. Un fenómeno no muy común, rara vez cercano, pero siempre persistente en el tiempo.

 

Depredadores del futuro

Una propuesta original para resolver la paradoja de Fermi es que, en la clasificación de seres con una inteligencia superior, haya también depredadores. Estos depredadores serían los únicos capaces de alcanzar las estrellas y abandonar su planeta natal mediante el desarrollo de una tecnología artesanal.

 

Paradoja de Fermi: viaje espacial

 

El ser humano ya ha demostrado ser un gran segador de vida. Es indiscutible. La pregunta es: ¿evolucionaremos antes de contactar con vida inteligente? Nuestra labor ecológica en la Tierra no es un buen aval de presentación.

 

Distancias insalvables

Si queremos viajar de forma efectiva por el espacio debemos olvidarnos de la velocidad. Ir a la velocidad de la luz es una porquería para cualquier especie que aspire a salir de su miserable sistema solar.

Una porquería no, lo siguiente. Un viaje a la estrella más cercana supondría cuatro años. Y además es muy improbable que las entidades biológicas soporten velocidades siquiera parecidas. La solución debe encontrarse en otro lado.

¿Dónde? En el tejido espacio-tiempo, se cree por ahora. Pero no somos capaces de crear agujeros de gusano, ni de aprovechar la distorsión que generan los agujeros negros.

A lo mejor, después de todo, la distancia será el eterno enemigo para establecer contacto. Sin embargo, esta hipótesis no descarta la posibilidad de encontrar tecnología extraterrestre en el espacio si la captamos con nuestros, cada vez más, potentes telescopios.

No puede ser la solución a la paradoja de Fermi, salvo que el obstáculo de salvar distancias tenga otros efectos colaterales, como mencionaré en el apartado «encerrados en casa».

 

Hipótesis de la autodestrucción

Parece muy obvia porque ha nacido en las últimas décadas. Conoces la capacidad destructiva del ser humano. No siempre fue así.

Supongo que fue con la bomba atómica de Hiroshima cuando muchas personas agacharon la cabeza y vieron un futuro marcado por la amenaza de la destrucción total.

Hemos estado 30 años controlando la producción de arsenal nuclear. O más bien, dos países controlando la producción de los demás. ¡Pero oye! Seamos francos. Cuando en cien años una bomba nuclear sea tan fácil de fabricar como hoy una golosina, todos la tendrán si quieren.

Y habrá más tecnología militar con la que temblar: armas climáticas, armas sísmicas, armas genéticas

Una hipótesis apunta a que toda especie inteligente podría estar encadenada al mismo destino: la autodestrucción.

Esto significaría que toda especie superior tiene un importante carácter individualista, y que todas terminan desarrollando una tecnología que usarán para generar su propia extinción sin atender a los intereses de su especie en conjunto.

Esta hipótesis quedaría desmontada si tan solo apareciera una especie inteligente que no se ajustara al individualismo humano; al estilo de organismos eusociales como las hormigas y de las abejas.

 

Encerrados en casa

¿Y si la durabilidad de la existencia de la vida inteligente viene determinada por la aparición de eventos cósmicos?

Si no podemos solventar el problema de viajar grandes distancias nos veríamos obligados a desarrollarnos con los recursos existentes en el sistema solar hasta… ¡hasta que llegue la siguiente catástrofe cósmica que afecte a la Tierra! Asteroides, brotes de rayos gamma, erupciones en estrellas… no son comunes, no tienen prisa, pero siempre regresan.

Si fuera así, las posibilidades de contactar con otras civilizaciones disminuyen muchísimo, sin embargo tampoco explicaría la supuesta ausencia de material tecnológico extraterrestre en el espacio exterior.

 

Teoría del gran filtro

Según la teoría del gran filtro, hay un hito que resulta insalvable para la gran mayoría de las especies. Un handicap que siquiera facilita su detección en grandes distancias. Filtros hay muchos pero, ¿cuál es el gran filtro?
El economista Robin Hanson propuso una sucesión de hitos que suponen un avance cualitativo para el desarrollo de la vida.

Desde su formulación en 1996 se han cumplido dos de los primeros hitos: que existan sistemas estelares que permitan la habitabilidad, y moléculas con potencial para crear vida. Ambos requisitos los cumple la Tierra, pero no solo ella.

Los siguientes hitos pueden verse cumplidos muy pronto si encontramos rastros de vida en el sistema solar. Se refieren al inicio de la vida unicelular, y su evolución hasta la pluricelular.

Los últimos filtros se refieren a la colonización espacial y la independencia económica de estas.

 

Paradoja de Fermi: tecnología espacial

 

¿Hemos superado ya el gran filtro que determina el gran obstáculo para un desarrollo extraordinario de la vida? ¿Será la reproducción sexual la que ha permitido tal diversidad? ¿O quizá la capacidad de ensimismamiento del ser humano? A lo mejor es la colonización espacial.

Este postulado tendría mucho sentido como respuesta a la paradoja siempre que ese filtro determinante se encuentre en una fase muy anterior a la conquista del espacio. ¿Por qué? No es un titán, pero la enorme Estación Espacial Internacional es un mensaje para cualquier alienígena que la divise  de cerca y la distinga de un satélite rocoso.

 

La tecnología visible es para privilegiados

Es posible que la fabricación de tecnología solo esté destinada a las especies que abandonaron la vida submarina. Eso no quiere decir que no pueda existir una especie de inteligencia superior bajo muchos mares de agua salada o metano.

Incluso fuera de ella, es difícil imaginar una especie que desarrolle tecnología sin un pulgar oponible. Son vicios provocados por el único ejemplo que conocemos: el ser humano.

Tampoco digo que haya inteligencia tan exóticas como el océano de Solaris que imaginó Stanislav Lem pero… ¿y por qué no?

Al final de este post propongo una reflexión sobre la definición de inteligencia, muy influenciada por el obvio antropocentrismo que envuelve nuestro pensamiento de forma innata.

 

La velocidad de escape como obstáculo

La gravedad es el principal obstáculo para lograr dejar huella más allá de la atmósfera.

Un planeta más grande que la Tierra, por muy habitable que sea, puede resultar una jaula para una civilización mucho más avanzada que la nuestra.

En la Tierra la velocidad de escape es de 11,2 Kms/seg. Bastante lastre suponen nuestros actuales combustibles para generar la energía suficiente para escapar de la atmósfera. Y solo para eso.

Para entendernos. A más masa, más gravedad. No hablamos de tamaño, aunque obviamente guarda relación. Para salir de Júpiter necesitaría quintuplicar la velocidad de escape terrestre, y eso no implica cinco veces más combustible. Según Michael Hippke, quien propuso esta teoría, el incremento es exponencial y una supertierra exigiría un depósito de combustible de un tamaño equivalente a la pirámide más grande de Egipto.

 

Paradoja de Fermi: exoplaneta

 

Este factor no aporta una respuesta a la paradoja de Fermi, pero sí explica de antemano la dificultad inicial de encontrar civilizaciones con astronautas en planeta habitables de gran masa.

 

Teoría de los recursos limitados

Los seres vivos necesitan de recursos vitales para sobrevivir y recursos energéticos para prosperar.
Jacob Haqq-Misra y Seth Baum fueron los primeros que apostaron por esta hipótesis que no genera un rechazo en la actualidad.

Esta teoría defiende que el agotamiento de recursos en los sistemas estelares es la cárcel de las especies inteligentes. Que este desarrollo exponencial tecnológico no será eterno y se truncará cuando lleguemos a un punto de inflexión con la obtención y desgaste de recursos.

Escapar a otros sistemas estelares no es una actividad rentable, ni rápida.

 

Universo simulado

Vivimos en un universo programado por otros con una tecnología similar a la que estamos creando. Menudo lío. Esto no funciona como en Matrix, va mucho más allá.

 

Paradoja de fermi: universo simulado

 

Piénsalo. Te remito al mundo de los videojuegos. En el año 1988 eramos capaces de recrear un minúsculo espacio de universo virtual con un palo que hacía rebotar una bola. En los 90 podíamos recorrer varios kilómetros de pantalla con nuestro personaje en un entorno 2D, y el protagonista sabía realizar varios movimientos. Con las nuevas consolas, los escenarios equivalen a provincias enteras de las que puedes encontrar en Google Map; hay personajes independientes del objeto del juego con un comportamiento complejo prefijado; hay algoritmos que regulan el clima; hay simulaciones de cualquier cosa que puedas ver en la realidad. Entonces… ¿Qué podemos esperar del año 2800? ¿Seremos capaces de incorporar tantas variables como para que se convierta en una realidad de facto? ¿Se podrá programar vida?

Si esta es la respuesta a la paradoja de Fermi, vivimos en un experimento realizado por unos seres que dominan las incipientes tecnologías de la computación de nuestra especie. Quizá… somos nosotros mismos en un futuro que ya ocurrió en un universo supuestamente real.

Si somos objeto de un experimento y vivimos en una seudorrealidad, es tan probable que estemos solos en el universo como cualquier otra posibilidad.

 

Hipótesis de la transcensión

La transcensión es un concepto difícil de explicar. Hay dos escalas que establecen el nivel de desarrollo de una civilización.

1. La escala de Kardashov : primero obtenemos recursos del planeta, luego del astro más cercano y finalmente a nivel galáctico.

2. La escala de Barrow: desde B1 hasta B7, donde esta última es la manipulación del tejido espacio-tiempo.

La primera escala busca la durabilidad de la especie basada en su dispersión. Esta entraría en conflicto eterno con la paradoja de Fermi, pues el rastro de un imperio galáctico debería dejarse notar, tarde o temprano.

 

La escala de Kardashov incrementaría el conflicto latente tras la paradoja de Fermi, pues una civilización que extraiga energía de una estrella difícilmente lo haría sin dejar rastro (o no, quién sabe). No obstante, La escala de Barrow sí encajaría mejor como respuesta, pues el objetivo no reside en ocupar un gran espacio, sino todo lo contrario. Huir de las limitaciones del espacio-tiempo para encontrar un punto óptimo solo posible tras alcanzar la singularidad tecnológica.

 

Hipótesis del zoológico

Es una de las hipótesis más conocidas en la ciencia ficción. Siempre fuimos observados, pero no lo sabemos.
Según sus defensores, estas civilizaciones nos tratan como animales en un zoológico hasta que alcanzamos un determinado nivel tecnológico.

Reconozco que no me parece correcto el término zoológico. Prefiero el término incubadora.

 

Paradoja de Fermi: primate

 

Piensa en Star Trek y su rígida norma de no intervención con civilizaciones que no se han desarrollado los suficiente. O podemos visualizar un centro de observación exobiológica si nos vamos a la literatura, en La guía del autoestopista galáctico,  con el humor innato de Douglas Adams. También hay una clara referencia en una de las más famosa obras de Arthur C. Clarke.

 

Hipótesis de la ocultación

Imagina que en los centros de las galaxias, a pesar de todas las contraindicaciones, se concentran la gran mayoría de civilizaciones. De hecho están tan cerca que tienen interacción cultural, lo que permite traspasar un conocimiento de millones de años a una especie que solo lleva mil interactuando con el espacio.

Entre esos supuestos conocimientos pueden estar los más grandes riesgos que amenazan a las especies de forma cíclica. Si ese fenómeno es natural, no tiene sentido ocultarse. Pero si es provocado por una especie inteligente, escóndete cuanto antes. Un buen ejemplo lo puedes hallar en la famosa saga de videojuegos Mass Effect y la figura de los segadores, encargados de acabar con toda civilización avanzada cada 50000 años.

La ocultación involuntaria hacia nosotros es una posibilidad, debido a un peligro aún desconocido para quien no ha establecido contacto. A lo mejor, como advertía Stephen Hawking, puede haber más beneficio en pasar desapercibido que en arriesgarse a ser detectado por una civilización desconocida cuyas intenciones y tecnología desconoces.

 

Caminan entre nosotros

Quizá sea por Men in black que soy algo prejuicioso con esta hipótesis. Si somos realistas, tiene tantas posibilidades de ser ciertas como el resto.

Desde mi punto de vista, no sé qué interés podemos despertar para que nos observen de manera directa, in situ. Para una civilización que sea capaz de llegar aquí desde otro sector de la galaxia no deberíamos ser más interesantes que unos ácaros. Quizá no seamos unos ácaros comunes, después de todo.

Cuestión aparte es que haya humanos poderosos que conozcan este hecho. A esa particularidad le he concedido otro apartado más adelante.

 

Un nuevo canal de comunicación

Podría darse el caso de que, aun siendo insalvables las distancias, exista algún canal de comunicación que se esté usando entre civilizaciones avanzadas y que en la Tierra aún no hemos descubierto y desarrollado.

No hace ni 50 años que enviamos, como quien lanza una piedra con un tirachinas, a la Voyager con un disco de oro explicando nuestras bondades, y también nuestros puntos débiles (menos mal que no serán fáciles de descifrar).

Con el ingenio más agudo hemos usado las ondas de radio. Lentas, pero efectivas. Y seguimos intentándolo.

Pero quizá ese canal, debido a las enormes distancias, esté más relacionado con el entrelazamiento cuántico. Ese es un mundo al que aún no hemos llegado ni a bautizar.

Como respuesta a la paradoja de Fermi, esta teoría presupone que habría civilizaciones en ocasiones muy separadas, pero podrían contactar en la distancia sin necesidad de ser localizadas de forma visual o física.

 

El eslabón perdido

Esta hipótesis tiene dos vertientes.

En la primera, la semilla de la vida en la Tierra provino de un ingrediente adicional del que no disponía originalmente la Tierra. A este fenómeno se le denomina panspermia.

En la segunda, una civilización alienígena ha dirigido genéticamente nuestra evolución, interviniendo en lo que llamamos el eslabón perdido para luego desaparecer. Ese momento incomprensible para la ciencia en el que se abre camino el homínido separándose de los primates.

 

genoma

 

La primera significaría que la vida se reparte como el polen por las galaxias, lo que no ayudaría a resolver la paradoja de Fermi a menos que la ocultación sea tendencia en toda civilización superior.

La segunda significaría que, siendo muchas o no las civilizaciones, una de ellas ya ha entrado en contacto con nosotros y ha condicionado el futuro de la humanidad por un motivo desconocido.

 

Ocultación pública

Es la teoría más conspiratoria. Carne de cañón de la segunda parte del siglo XX, alimentado por un Hollywood y unos medios de comunicación que por aquel entonces se asociaban casi a la verdad.

Podría resultar comprensible bajo ciertas circunstancias retrasar la comunicación de la existencia de vida extraterrestre, pero me resulta difícil de creer en un planeta dividido en más de 250 países. Un secreto así no puede pertenecer a tantas personas.

Por otro lado, la gente menosprecia el poder de miles de astrónomos aficionados que apuntan diariamente al cielo. Esto ya no va solo de la NASA. Está la ESA, Roscosmos, la agencia china, la hindú, y también observatorios en todo el mundo. Un secreto así es insostenible, por mucho que insistan los alienígenas de la ficción en aparcar casi siempre en EEUU.

Es más, si fueran tan avanzados como para llegar y salir tantas veces sin ser detectados, ¿para qué pierden el tiempo conviviendo con nosotros o charlando con Trump y Putin? Y menciono a estos dos porque tienen poder global al menos, porque si pienso en los políticos de mi país recibiendo a alienígenas en el Palacio de la Moncloa me entra un ataque de risa.

 

La Tierra es más vieja que nosotros

El universo tiene casi 14000 millones de años.

La Tierra tiene más de 4500 millones.

Nuestro planeta sustenta vida desde hace 4000 millones de años más o menos.

Nuestra especie comenzó a grabar registros históricos hace 10000 años.

Los humanos no concebimos el concepto de un ser extraterrestre hasta hace un siglo.

Solo en el presente hemos abierto los ojos ante la posibilidad de que existan civilizaciones en otros lugares. Si ya resulta incomprensible la soledad de la raza humana en la paradoja de Fermi, imagina si lo multiplicas un millón esa incoherencia. ¿Es posible que el universo no haya tenido astronautas hasta nuestra llegada? ¡Es tan improbable…!

 

Paradoja de Fermi: estrellas

 

No digo que hayan tenido que pasear a lomos de diplodocus por Pangea, pero quiero hacerte reflexionar sobre la imposibilidad de que un dinosaurio cuente como testigo del primer contacto si tal cosa o parecida hubiese pasado.

La resolución de la paradoja depende de unas pocas décadas de observación. Nada sabemos de los millones de décadas anteriores. Somos impacientes; nos caracteriza.

Quizá la impaciencia sea lo que sobrevalore la paradoja de Fermi. Como ya te avancé en la primera solución, apenas hemos comenzado a hacer prospección del universo. Quizá no hay paradoja, solo un deseo instintivo de encontrar la solución a un problema que se resuelve con la misma paciencia con la se busca mil agujas en un pajar como el Everest de grande.

 

Los confundimos con dioses

En relación con la anterior propuesta, queda la posibilidad de que hayan estado aquí en presencia del homo sapiens pero hayan sido tomados por divinidades, quedando asociados en el presente a mitos y leyendas.

Los que defienden este hecho se basan en ciertos hitos fuera de tiempo como la construcción de las pirámides de Egipto, estructuras prehistóricas que requerían de conocimientos avanzados de astronomía, grabaciones en piedra de divinidades antropomórficas y sin embargo distintas del resto de humanos, referencias sagradas a visitantes del cielo, monstruos mitológicos…

No niego que muchos aspectos a los que se agarran me generan dudas, pero parece haber una predisposición general a asociar cualquier enigma a esta teoría que puede tener un cierto grado de verdad, y que no obstante ha sido corrompida por ciertos documentales y otros canales de información que pretenden hacer didáctica de lo que solo es constructivo como acto de reflexión.

 

Qué es inteligencia superior

La paradoja de Fermi se refiere a especies inteligentes pero, ¿qué es la inteligencia? ¿Cómo hemos decidido qué es un ser inteligente?

 

Paradoja de fermi: delfines

 

Hace treinta años se estudiaba que había un salto abismal entre el ser humano y las otras especies de la Tierra. Hoy día ese salto es menos cualitativo y más cuantitativo. Los animales no son tan imbéciles como creíamos. Ni siquiera las plantas.

También se creía que había un solo tipo de inteligencia, cuando estudié en la facultad iban ya por ocho, y por lo que veo en las redes son ya doce.

Está claro que somos unos novatos en este campo. Incapaces de decidir con sensatez qué es inteligencia avanzada y qué no. ¿Acaso el mar ficticio de Solaris no es inteligente? Quizá no se ponga nunca un traje de astronauta ni haga turismo espacial, pero la inteligencia no debe ser medida por la capacidad de colonizar planetas, ni de construir torres de metal que expulsan humo negro.

¿Puede ser inteligente un ser de un centímetro? ¿Pueden ser inteligentes especies de plantas que se comunican por sus raíces? ¿Puede un delfín evolucionar como el ser humano sin salir de su entorno acuático?

Recuerda que no pretendo hacer didáctica de mis artículos, por mucho que trate de documentarme. Lo importante es la reflexión porque ninguna de las hipótesis es cierta, ni tampoco falsa; por loca que pueda parecerte. La moraleja final se resume en tres conclusiones:

  • La humanidad es impaciente.
  • No tenemos claro el concepto de inteligencia superior.
  • No conocemos el papel de la vida en el universo, y menos aún el de la inteligente.

Espero que te haya gustado este artículo. Se ha alargado mucho más de lo que tenía pensado, pero es un tema apasionante y lo merece. Si quieres expresar tu opinión al respecto, no dudes en dejarlo en los comentarios.